jueves, diciembre 07, 2006

Ida y yo cambiamos de escenario

El palacio legislativo a sus espaldas y la Casa Rosada adelante, en el otro extremo de la Avenida de Mayo, “con el mentón caído sobre la mano ruda”, una copia de la célebre escultura de Augusto Rodin, El Pensador parece meditar sobre el devenir de Argentina.



“Antes que la peluca y la casaca/ fueron los ríos, ríos arteriales;/ fueron las cordilleras, en cuya onda raída/ el cóndor o la nieve parecían inmóviles;/ fue la humedad y la espesura, el trueno/ sin nombre todavía, las pampas planetarias.” Los primeros versos del Canto General, de Pablo Neruda, irrumpieron imparables en mi memoria mientras el avión empezaba a dejar atrás la Cordillera de Los Andes y comenzaba a sobrevolar la pampa argentina tapizada hasta el infinito con rectángulos de distintos tonos de verde. Ida y yo comenzábamos, el 10 de noviembre, un viaje de conocimiento a Buenos Aires. En 20 días, que nos parecieron muy cortos, visitamos muchos de los 200 puntos de interés que la ciudad ofrece al viajero. Vivimos la alegría carnavalesca de Plaza Dorrego, en el romántico barrio de San Telmo, lleno de tiendas de antigüedades, y casas y calles en los que la arquitectura colonial parece resistir con éxito los embates de la modernidad. Peregrinamos por el pasado cuando visitamos los principales museos, disfrutamos de la música y el baile bonaerenses, de las bellezas naturales del delta del río Paraná, en Tigre, y nos maravillamos, al presenciar las escenas pintorescas, los contrastes, el paisaje arquitectónico y los personajes de la abigarrada población de la gran urbe.

A las 7.50, salimos de Carriel Sur y, después de una escala de dos horas en Santiago, arribamos a las 12.45 al Aeropuerto de Ezeiza, situado a unos 35 kilómetros del centro de la ciudad. En medio de una temperatura de 30 grados a la sombra, el ómnibus 86 recorrió ese trayecto en más de dos horas, en las que entró a varios pueblitos intermedios. A orillas de la carretera, sobre extensos prados verdes, numerosas familias almorzaban sentadas sobre el pasto, bajo frondosos árboles. Algunos trabajadores descansaban, bebían cerveza, escuchaban radio o dormían a la sombra de sus vehículos, algunos con logotipos de empresas de servicio. Dicho de otro modo, simplemente, “sacaban la vuelta”.

Después de varios intentos, encontramos habitación en un hotel situado a unas catorce cuadras, equidistante del obelisco, de la Casa Rosada y del Congreso. Muchos, exhiben en sus puertas sendos letreros que advierten:” No hay pieza disponible. No insista”. Este año, la afluencia de turistas ha experimentado un crecimiento mucho mayor que en los anteriores. La mayoría de los establecimientos consultados carecía de cupo para todo noviembre. Los de 5 estrellas tenían, el 29 del mes pasado, la totalidad de sus plazas reservadas en manos de estadounidenses, europeos, chilenos y brasileños para las próximas fiestas de fin de año. Los extranjeros son atraídos por la buena comida, los precios y el clima. Mientras en el hemisferio norte es invierno, en Argentina las temperaturas oscilan entre 27 y 36 grados, lo que permite a muchos turistas pasearse vestidos sólo con polera y short, hasta la medianoche por Florida, Lavalle y Corrientes, donde encuentran librerías, cafés y restaurantes abiertos.

En las calles, es fácil detectar a los turistas recién llegados, porque la gran mayoría porta en sus manos sus planos turísticos y libros guía. Muchos hablan entre sí en sus lenguas maternas, convirtiendo al sector céntrico en una verdadera babel. Entre los idiomas, sobresalen el inglés, portugués, alemán, italiano y francés. En los domingos, una densa procesión cubre unas diez cuadras, mientras avanza por calle Defensa, desde la Avenida de Mayo a la plaza Dorrego. Son turistas que van a disfrutar de la fiesta que bailarines, disfrazados, vendedores de antigüedades, comerciantes, restaurantes y tanguerías ofrecen al viajero, ávido de cultura y entretenimiento.

El argentino común, la gente de la calle, los policías, que se ven por todos lados, son muy atentos con los visitantes extranjeros. Tienen una cultura turística envidiable. Siempre parecen dispuestos a informarle sobre cómo llegar a un sitio de interés, que ómnibus o subte -léase metro- hay que tomar y en que lugar. El único punto negro es la inseguridad ciudadana. Los robos callejeros, especialmente de carteras, cámaras fotográficas, dinero de los bolsillos de los transeúntes y secuestros expresos se producen con mucha frecuencia. Un botón de muestra: Bárbara Bush, una de las hijas gemelas del presidente de Estados Unidos sufrió el robo de su cartera, pese a todas las medidas adoptadas por los mejores agentes del servicio secreto quienes la acompañaban y, desde temprano, habían vigilado, en forma especial, el lugar donde se produjo el hecho.

El viajero debe tomar algunas precauciones como portar su dinero en una sobaquera color piel, sus documentos en un banano delgado, que se lleva en la cintura, cubierto con una polera. Debe llevar en los bolsillos o en las carteras sólo la cantidad suficiente que espere gastar durante cada salida del hotel. Tener claro que los delincuentes, en su gran mayoría niños o jóvenes, cometen estos delitos con toda impunidad. La policía no actúa, ni siquiera por presencia, cuando el malhechor tiene menos de 18 años. La máxima ayuda que proporciona a la víctima es permitirle estampar una denuncia y esperar que un juez le cite, unos meses después, para informarle si acoge o rechaza su demanda. Sin comentario.

Buenos Aires es una ciudad marcada por grandes contrastes sociales. Pese a que la Cepal aseguró que Argentina fue el país de la región que mejor resultado alcanzó en el combate contra la pobreza, porque la redujo a un 26 por ciento entre 2003 y 2005 desde el 45,4 % del bienio 2000-2002, esa mejoría no se nota. Todavía, un 30 por ciento de los argentinos vive bajo la línea de pobreza. A toda hora, se ven muchas personas, de todas las edades, tiradas durmiendo en las calles o plazas. El sábado 25, al mediodía, una familia formada por los padres, un hijo adolescente, una hija un poco menor y una niña dormían, muy sucios y vestidos sólo con escasos andrajos, sobre un retazo de colchón, bajo la marquesina del Banco de la Ciudad, en Pellegrini 260, una de las calles laterales de la avenida 9 de Julio, entre General Perón y Sarmiento. Todos los días, bajo los árboles de la Plaza de los dos Congresos, numerosos mendigos permanecen tendidos bajo los frondosos árboles del céntrico paseo.

El palacio legislativo a sus espaldas y la Casa Rosada adelante, en el otro extremo de la Avenida de Mayo, “con el mentón caído sobre la mano ruda”, una copia de la célebre escultura de Augusto Rodin, El Pensador parece meditar sobre el devenir de Argentina. A pocos metros, una joven rubia toma un baño de sol, en uno de los prados, vestida sólo con un bikini, ignorando todos los avisos que alertan a la población contra los riesgos que implica la fuerte radiación ultravioleta, mientras los termómetros indican que la temperatura ha subido a 32 grados a la sombra.

Durante nuestra visita, en numerosas ocasiones, nos topamos con chilenos, muchos de ellos radicados, desde hace un tiempo, en Argentina. Una tarde, Ida y yo habíamos salido recién del Museo de Ciencias Naturales y entrado en un laberinto de callecitas cortas en el barrio de Caballito. Pregunté a un transeúnte:

-¿Por dónde salgo a la avenida Corrientes?

- ¡Puchas la payasá! Seguro que me encontré con otros chilenos. Yo soy de Las Condes. Váyanse por aquí- nos indicó, después de abrazarnos, y se fue.

En la tarde del domingo, volvimos y disfrutamos de un paseo grato y singular, al recorrer parte de ese sector a bordo de un histórico tranvía, restaurado y conservado por la Asociación Amigos del Tranvía. Repicando su campanilla, el vetusto vehículo se desplazó con su alegre carga humana por Emilio Mitre, Rivadavia, Hormiguera, Directorio y regresó por Mitre a su estación ubicada en la esquina con José Bonifacio. Antes de partir, los amables conductores conversaron con los pasajeros, en su mayoría abuelos que acompañaban a sus nietos y algunos turistas. Nos sorprendieron cuando nos demostraron, con su conocimiento, que casi todos los años visitaban Chile, entre Arica y Punta Arenas. Uno de ellos me preguntó sobre el futuro del Biotrén.

En esos veinte días, conocimos tantos lugares que se necesitaría escribir una nota muy larga para consignar sus principales aspectos. Fueron especialmente interesantes nuestras visitas al Teatro Colón, los museos de Bellas Artes, de la Ciudad, de Ciencias Naturales, el Histórico Nacional, el de Carlos Gardel, el Ferroviario y otros. Para conocer mejor la ciudad, recorrimos cada día decenas de cuadras -Ida sacó fuerzas de flaqueza, pese al calor y el cansancio-, conversamos con muchas personas y descansamos en verdes parques que abundan en Buenos Aires. En suma, nuestra visita fue rica en momentos gratos, emotivos, sorprendentes y llenos de alegría. ¡Qué rápido llegó el día 30! Fue un lindo viaje superado sólo por la felicidad del reencuentro con nuestros seres queridos, al regreso a nuestro hogar.

En el barrio San Telmo, la Plaza Dorrego es cada domingo un centro de atracción turística. Los visitantes disfrutan de la fiesta que bailarines, disfrazados, vendedores de antigüedades, comerciantes, restaurantes y tanguerías les ofrecen.

Ida descansa a la sombra de un palo borracho. En primavera, estos árboles panzones, desparraman a su alrededor unas bolas abiertas desde las que brota algodón cargado de semillas..

En la capital mundial del tango, teniamos que bailarlo, aunque fuera en una humorada, para la foto. Lo hicimos a pocos metros de la casa museo que perteneció a la madre de Carlos Gardel.


"Laaate un corazooón" Ida abraza a uno de los tantos que adornan la plaza San Martín.

En la cocina de la Bertha Gardés, madre de Carlos Gardel, Ida simula usar el antiguo mortero, sólo para la foto, por cierto. En la pared se lee: "El más modesto pucherete hecho por sus manos vale más y es más sabroso que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo" Palabras de Carlos Gardel.

El cenotafio en memoria de los caídos en la guerra de Las Malvinas es visitado, constantemente, por familiares de los soldados mártires, quienes tocan sus nombres en señal de recogimiento, cariño, admiración y respeto.

3 Comments:

At diciembre 07, 2006 9:13 p. m., Blogger Coralya said...

Que hermoso y envidiable viaje a realizado. La verdad es que me alegra mucho que después de tantos años de arduo trabajo y sacrificio, hayan podido, junto a su señora, realizar este viaje que tan bien describe en su pág. Estoy realmente segura que les sirvió para compartir momentos de intimidad y reconocimiento, que a pesar de los muchos años de estar juntos, les hacía falta.
Felicidades a los dos y mi más sincero agradecimiento por compartir con quienes no conocen, tan lindos y gratos momentos de sus vidas. Todo su blog es eso, un compartir de vivencias y emociones que por lo menos a mi, me sirven para conocer y saber, (aunque sea de lejos), como están los padres del que apoyó mi vida en los momentos dificiles y quien mucho quise. Gracias.
Un beso, un abrazo enorme y todo mi cariño para usted don Francisco y la señora Ida.
Sinceramente,

Jarenla

 
At diciembre 08, 2006 6:51 p. m., Anonymous Anónimo said...

Los felicito por su viaje. Cuando leo su blogs revivo la maravillosa sensacion de estar en una ciudad desconocida, donde cada cuadra y cada rincon son una sorpresa y un motivo de vida. Se me ocurre que esta sensacion es la que mueve al hombre a descubrir e invertar.

Sin embargo el viaje tiene un fin curativo; cuando salimos y miramos otras realidades vemos con más claridad nuestro micro entorno; con sus fortalezas y debilidades. Es como la paradoja del espejo: para conocer TU rostro debes mirar otras caras distinta a la tuya.

Hace algun tiempo lei una frase que decia algo como:

"el verdadero descubrimiento no esta en conocer nuevos territorios sino en tener nuevos ojos"

Saludos

Fco.

 
At diciembre 31, 2006 2:12 p. m., Blogger Coralya said...

Me detengo un momento solo para desear que este año que comienza, sea maravilloso en todos los ámbitos junto a toda su familia, agradezco el hecho de que sigan creciendo en nuevos integrantes y que juntos superaran etapas fuertes que se les vinieron encima. No dejo de darle las gracias a Dios por ayudar y acompañar a toda la gente que quiero, entre ellos están incluidos ustedes como grupo familiar y por conocerlos a través de uno de sus hijos.
Un beso enorme para usted, su señora y todos los integrantes de su familia y mis cariños a Hugo, junto a mis más grandes deseos de paz, amor y bendiciones.
"FELIZ AÑO NUEVO 2007"

Coralya
(Jarenla Martínez Mora)

 

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